Sunday, August 29, 2010
El miedo a México

Hay veces que pienso que lo peor de este país es una buena parte de sus habitantes. En esos momentos es inevitable sentir cierta pena de formar parte de lo que algunos llaman patria.

Los mexicanos siempre hemos tenido un contacto cercano con la violencia excesiva y el derramamiento de sangre irracional. No es casual que sigamos exaltando íconos como la piedra de sol que aparece en la moneda de $10 y que posiblemente fue un fetiche en torno al que se sacrificaron miles de vidas a merced del fanatismo religioso de los Mexicas.

Tampoco es casualidad que nuestro himno nacional recurra a excesivas onomatopeyas de corte violento para exaltar el amor a la patria. No se a ustedes, pero al menos a mi me daría mucha pena que mis hijos (si es que algún día los tengo) fueran obligados a cantar coplas como estas:

Guerra, guerra sin tregua al que intente
de la Patria manchar los blasones,
Guerra, guerra, los patrios pendones
en las olas de sangre empapad.

Lo anterior viene a cuento por la terrible noticia que tiene que ver con la masacre con tintes genosidas que una banda de delincuentes mexicanos (por no decir animales) perpetró contra 72 migrantes centroamericanos que tuvieron la osadía de cruzar por este país con la esperanza de conseguir un nivel de vida digno en Estados Unidos.

Hoy están todos muertos, ¡72 personas! Si de por si es difícil dimensionar 72 ataúdes dispuestos uno tras otro, imaginar la escena de 72 familias llorando a sus muertos resulta dantesca.

La pena, la enorme vergüenza de ser mexicano me llevó a subir en mi moto y dirigirme a La Casa del Migrante ubicada en el vecino municipio de Tultitlán. El refugio, fundado por los sacerdotes de la Iglesia de San Juan Diego se dedica a brindar alimentos y un lugar de descanso a los ciudadanos centroamericanos que llegan al lugar a bordo de los trenes de carga provenientes del sureste y que buscan abordar los vagones de carga que tienen como destino final la frontera con Estados Unidos.



El refugio se ubica en Cerrada de la Cruz #15, Colonia Lecheria, un barrio popular como muchas otras en la zona metropolitana, no fue difícil llegar pues se ubica en el anexo de la Iglesia de San Juan Diego. En el lugar, una modesta pinta sobre las paredes color salmón identifica a la modesta Casa del Migrante. En la entrada se anuncia el horario de atención: a partir de las 8 de la mañana y hasta las 9 de la noche. Ahí, los viajeros pueden pernoctar y descansar por un día entero, aunque en caso de que lleguen heridos pueden permanecer por más tiempo.

Héctor Vargas, el encargado del refugio me recibió y agradeció las donaciones de alimentos y ropa en buen estado que lleve. Héctor, me contó que debido a lo que pasó en Tamaulipas los migrantes tienen miedo y el flujo de personas ha disminuido considerablemente. También me explicó que de los 50 migrantes que llegaban diariamente al refugio, al momento de mi visita solo se encontraba 8 en el lugar.

Los migrantes tienen miedo de pasar por México. Muchos de ellos han desistido de seguir hacia Estados Unidos y regresan a sus paises por miedo a la delincuencia mexicana. Un golpe de realidad contra quienes muchas veces exigimos respeto a los derechos de los compatriotas que han emigrado a Canada y Estados Unidos, y que, nos guste o no nos guste, muchas veces resultan ser nuestros familiares o amigos cercanos.

Héctor me ofreció pasar a conocer el albergue, en el interior vi rostros cansados y con cierto hartazgo en su mirada. La apariencia de esas personas no es diferente a las que todos los días vemos en la calle o en el transporte público. La única diferencia es el acento en su voz y la atmósfera de melancolía y frustración que flota en el ambiente. Es triste decirlo, pero en el lugar se percibía una barrera defensiva que es sencillo comprender al imaginar todo lo que sufren en su peregrinar.

Me hubiera gustado cruzar un par de palabras con ellos, pero comprendí que no era el momento para hacerlo. Ellos no estan ahí por gusto propio y seguramente preferirían olvidar muchas de las cosas que podrían contarme.

La Casa del migrante consta de un salón de unos 5 metros de ancho por unos 120 de largo en el que se ubican alrededor de 30 literas y una área con sillas plegables en donde es posible distraerse mirando un pequeño televisor.

El refugio cuenta con ducha, sanitarios y un lugar para lavar ropa. Del lado derecho, hay un comedor en el que se sirven alimentos regularmente subsidiados por fondos donados por la diócesis local.

Héctor me habló de las carencias de la casa del migrante. Hace falta de todo, pero muy especialmente necesitan azúcar, café, papel higiénico, alimentos en grano y enlatados así como ropa en buen estado, particularmente ropa interior y calcetines. También son bien recibidas medicinas en buen estado y con fecha de caducidad vigente.

Después de dejar mi donativo, -que francamente se me hizo insignificante en relación a la enorme labor que hacen estos voluntarios- me despedí con la promesa de regresar e incentivar a otros motociclistas a que colaboren con donativos para el refugio.

Tal vez, lo único rescatable de lo que pasó en Tamaulipas sea el hecho que se dio a conocer.

Héctor me platicó que cosas como lo de Tamaulipas ocurren regularmente sin que nadie se entere. Por lo que, de alguna forma, sacar a la luz estos hechos terribles tal vez sirva para que los ciudadanos de a pie nos sacudamos el sonsonete del bicentenario y nos pongamos en movimiento para que este país de verdad mejore.

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Sunday, August 08, 2010
Black Beauty en los Viñedos -Rodada cumpleañera en 3 tiempos

I.- Año Uno

Este mes cumplí un año como propietario de la motocicleta Yamaha Enticer 125. Aunque no es el primer vehículo que tengo, la Black Beauty si ha sido el medio por el que he experimentado un tipo diferente de libertad.



Algunas veces acompañado y otras en solitario, he disfrutado a lo largo de este año de inigualables paisajes montañosos llenos de vegetación, del caprichoso movimiento de los vientos que transportan las nubes cargadas del agua que al caer, se deposita en los mansos lagos y en los galopantes ríos, que con la síncopa de su movimiento marcan el inagotable ritmo de la vida.


Hace tiempo leí en un artículo del periodista Sergio Sarmiento que define mi breve experiencia en el mundo del motociclismo:

"Tener una motocicleta es una experiencia especial. El gusto que proporciona conducir uno de estos vehículos, especialmente en carretera, es enorme. Es similar al que produce, para quien le agrada la equitación, un caballo fuerte y veloz. Conlleva una sensación de libertad que es difícil encontrar por otros medios.

A pesar de ello, andar en moto es un placer solitario. Cuando uno avanza en carretera con el casco puesto se encuentra esencialmente solo. Quizá por eso andar en moto es tan fascinante: un recordatorio ineludible de la soledad del ser humano."





Ese placer introspectivo y de relación íntima entre la moto y su dueño hace que en ocasiones, los motociclistas terminemos por otorgarle vida propia a nuestars máquinas, dándoles incluso un nombre propio o hablando con ellas mentalmente.

Apelando a estas emociones, y motivado por la lectura del libro "Libertad en movimiento" de Vicente Bertely, que mi adorada Laura me hizo favor de conseguirme, decidí emprender mi primer viaje interestatal en motocicleta. La consigna de este recorrido fue adquirir experiencia de manejo en una autopista de alta velocidad y de paso, confrontar a las autoridades federales, que obligan a los motocilistas a pagar injustamente la misma tarifa de peaje que los automovilistas.


III.- 365 Kilómetros por la Autopista México Querétaro SIN pagar casetas.


Esta rodada de un día se originó en Cuautitlan Izcalli. El destino final que elegí fueron las cavas y viñedos de La Redonda, ubicadas el municipio de Ezequiel Montes en el estado de Querétaro. El primer reto de este viaje fue burlar la primera caseta de la autopista México Querétaro, que cobra $66 tanto a autos como a motos.

Aquí recurrí a un foro de motociclistas de Harley que encontré en internet y que recomendaba rodar sobre la lateral de la autopista con dirección a Tepotzotlán, doblar a la derecha a la altura del hotel City Express ubicado a un costado del puente que lleva al centro de Tepo y después seguir hasta encontrar una gasolinera ubicada del lado izquierdo del camino. Es ahí donde comienza la avenida industrial, que hay que seguir, pues va paralela a la autopista y pasa al lado de la caseta.


Lo siguiente que hay que hacer es seguir por av. Industrial hasta encontrar un camino de terracería del lado izquierdo (en google maps aparece como 15 de septiembre) que conduce a un lugar al lado de la autopista en el que... ¡la malla de división está abierta para motociclistas!



Cabe mencionar que por ese resquicio no pasaría un auto, pero es perfecto para que una moto se incorpore a la autopista sin problemas. Una vez ahí circulé la totalidad del camino al tope de velocidad de mi pequeña moto, siempre por el carríl de baja, a una velocidad crucero que rondó entre los 80 km/h en tramos de subida, hasta los 110 e incluso 120 km/h en tramos de bajada.

El siguiente reto fue burlar la caseta de peaje de Palmillas. Lo cual me resultó un poco más fácil, pues antes y después de la caseta de peaje de Polotitlán existen dos pasos a desnivel inaccesibles para los autos , pero al que las motos pueden ingresar con un poco de precaución. Yo me decidí a usar el segundo, de modo que me escabullí por un tramo abierto de la alambrada.




El paso a desnivel conduce directamente al entronque de la carretera Polotitlán - Taxhay que lleva a la carretera libre Atlacomulco - Querétaro, ésta desemboca delante de la caseta de Palmillas, por lo que con estos dos sencillos movimientos, (que pueden repetirse de regreso), un motociclista puede ahorrarse alrededor de $130 de casetas, e invertirlos en una cantidad igual de gasolina, (de hecho yo gasté $140 en combustible y terminé con gasolina de sobra).




Con la primer meta completada, me concentré en manejar defensivamente, manteniendo un paso constante y ubicandome, en la medida de los posible, detrás de vehículos grandes con velocidad crucero de 100km/h para cortar las fuertes rafagas de aire que constantemente sacudían a mi ligera motocicleta.



III.-Black Beauty en los viñedos

Salí a las 8:30 de mi casa y alas 10:20 ya me encontraba en Polotitlán, por lo que tuve tiempo de conocer el poblado, explorar las posibles rutas que usaría de regreso y seguir adelante, con tiempo suficiente para alcanzar San Juan del Río cerca de las 12 y dirigirme a Tequisquiapan. Ahí decidí detenerme algunos minutos para disfrutar de las aguas claras y el verde paisaje de la presa ubicada en ese lugar.



Después de descansar y hacerme unas fotos aprovechando el agradable día soleado que me tocó disfrutar, seguí adelante con dirección al municipio de Ezequiel Montes. Ví al lado del camino muchísimos balnearios como Termas del Rey y el Oasis, pero no les presté mucha atención y seguí adelante hasta llegar a la entrada de la vinícola Mexicana La Redonda.


Es justo destacar que las instalaciones de este lugar son decididamente de primer nivel. Estacionamiento, plantaciones, restaurante, tienda y por supuesto ¡degustaciones y cata de vinos!


Según las placas museográficas, en ese lugar se cultivan y fabrican muchas variedades de vinos espumosos y secos. Se pueden adquirir vinos tintos, rosados y blancos e incluso algunas variedades de sidra, pero yo el que elegí fue un vino tinto Ruby Cabernet de sabores frutales y caracter dulce que probé y me pareció delicioso. El precio también se me hizo accesible: $81 la botella. Nada mal para ser un producto orgánico, artesanal y lo mejor de todo ¡100% nacional!







Alguna vez escuché en el radio una entrevista que le hacían a los exitosos empresarios vinícolas del estado de Baja California. Cuando les preguntaron a estos hombres cual era la clave de su éxito, uno de ellos no dudó en responder: "¡Es que nos quedan muy lejos las pirámides!" .



Más tarde supe que el emprendedor ironizaba respecto a que los resultados de su empresa eran producto de haberse alejado de los prejuicios históricos y la mentalidad conformista de muchos mexicanos, que piensan que si algo nunca se ha hecho en México (como comercializar vino de alta calidad, en lugar de los folklóricos tequilas y mezcales de toda la vida) sencillamente es imposible que la empresa prospere.





Debo confesar que salí del lugar con una grata impresión, y con ganas de regresar y visitar con más tiempo no solo a las instalaciones de La Redonda, sino también las Cavas de Freixenet y los demás viñedos que existen en el municipio de Ezequiel Montes.



Después de pasar por algunos encargos a Tequisquiapan y respostar combustible, emprendí el regreso a casa alrededor de las 3 de la tarde con la intención de evitar la lluvia que en estos días ha azotado la zona metropolitana de la Ciudad de México. Como aún había buena luz, a mi paso por Polotitlán me tomé un tiempo para tomarle fotos al busto del coronel insurgente Rafaél Polo, a quién Polotitlán debe su nombre, y al bonito Kiosko y relój ubicado en el centro de este poblado.



Nuevamente me incorporé a la autopista en otro paso a desnivel ubicado adelante de la caseta de peaje de Polo, acertadamente obstruido para autos, pero que como puede verse en la foto, no ofrece resistencia al paso de una moto promedio.



Seguí en dirección a la caseta de Tepo sin mayores complicaciones y, de hecho, hubiera llegado a casa sin mojarme de no ser por la intempestiva nube negra que me topé justo en el señalamiento que anunciaba ¡Tepotzotlán a 12km!

Apenas sentí las primeras gotas de lluvia, me enfundé en mi "discreto" impermeable amarillo pollo y recorrí los 12 kilómetros restantes hasta la caseta de peaje de Tepo, que como todos los domingos, lucía pletórica de autos esperando su turno. Como no encontré una forma más rápida de eludir la caseta, opté por dar la vuelta en u y regresar alrededor de 3 kilómetros en dirección a Querétaro, hasta encontrar nuevamente el agujero en la malla por el que había pasado por la mañana para "ahorrarme" los $66 que papá gobierno me exigía por prestarme SU camino que, dicho sea de paso, construyó con los impuestos de varias generaciones de mexicanos.


Fue así como celebré con esta rodada un año al lado de la Black Beauty. Sin decisiones concensadas, sin pertenencia u obligación con cofradías improvisadas y siendo dueño de mi propio destino para hacer lo que yo quiera. Fue así como disfruté nuevamente de ese placer culpable llamado: libertad en dos ruedas.

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Sunday, February 07, 2010
Me caí de la moto en que andaba... como a 60 km/hora :(


Hace unas horas terminó la transmisión de una edición más del Super Bowl. Entre todas los juegos de campeonato de la NFL que he visto pot TV, hay uno que recuerdo especialmente: la edición de 1995 que disputaron los Cargadores de San Diego y los 49ers de San Francisco.

La razón por la que recuerdo el Superbowl XXIX no tiene que ver con una cuestión de aficiones, sino porque ese día me desbaraté la rodilla mientras pedaleaba mi bicicleta de montaña y caí mal después de un imprudente salto. Recuerdo que esa tarde terminé viendo el juego con mi pierna extendida con una bolsa de hielo y una inflamación del tamaño de un melón en la rodilla.

Hoy, 15 años después, me pasó algo similar. La diferencia es que en lugar de una bicicleta, el vehículo que involucra mi accidente es una motocicleta. Afortunadamente, los saldos del percance no fueron tan dramáticos como en aquella ocasión.

Pero primero, póngase en contexto.
Desde hace tiempo tenía ganas de escribir una entrada en mi abandonado blog y pensé que una rodada sería buen pretexto para volver a escribir. El sábado hubo muy buen clima, por lo que decidí rodar al vecino municipio de Villa del Carbón para buscar en sus tiendas peleteras un par de guantes, comprar un poco de queso fresco y hacerme una fotos aprovechando los estupendos paisajes boscosos de esta parte del Estado de México.


Salí de Cuautitlán Izcalli al medio día. El sol brillaba muchísimo, pero no hacía calor gracias a un viento helado que despejó el cielo y reguló la temperatura. Salí con muy buen ánimo escuchando unas buenas rolas de Iron Maiden, AC-DC y Guns N' Roses en mi Ipod, que incluso me hicieron cantar un rato protegido por el anonimato de mi casco.

Pasé Tepotzotlán a buen ritmo y llegué a San Francisco Magú y San José del Vidrio rebasando autos en los topes. Después, mi velocidad cambió un poco al llegar al entronque de la carretera Nicolás Romero - Villa del Carbón, ahí encontré un tráfico cargado debido a las paradas continuas de los autobuses de pasajeros .

Casa renacentista estilo San Francisco Magú.

Después de pasar Cahuacán, aceleré en unas largas rectas en donde es posible tomar una velocidad de entre 90 - 100 km/hr. Del lado derecho de la carretera, -en dirección a Villa del Carbón- hay un vaso regulador que se alimenta del agua de temporal que baja de los cerros, en ese lugar se ofrece comida y es posible rentar lanchas y caballos por alrededor de $40 la media hora. Después, comienza una zona de ascenso justo antes de las complicadas curvas en bajada que llevan a Villa.

Y entonces sucedió. Después de alcanzar la cima del cerro en el que comienzan las zona de descenso, recuerdo venir circulando detrás de varios automóviles y un molesto camión que retrasaba el paso. Circulabamos a velocidad crucero de 50 km/hr cuando antes de una cerradísima curva, el estúpido camión frenó demasiado rápido.

Traté de frenar con el pedal de la llanta trasera, pero en cuestión de segundos ví que no sería suficiente y metí de golpe el delantero. No podría describir fielmente lo que pasó después, solo recuerdo que perdí el equilibrio de la moto e instintivamente trate de mantenerme sobre las dos llantas primero con un pie, luego con el otro, pero las llantas se habían bloqueado y la velocidad era demasiada de modo que caí al suelo. Afortunadamente el camión avanzó y caí derribado dentro de mi carríl, pues la carretera federal es una vía de únicamente dos carriles.


Al fondo, el lugar de los hechos. Nótese el voladero delimitado por las guardas.

Dos segundos después me ví en el suelo, volcado del costado izquierdo y con la moto aprisionando mi pierna izquierda. Lo primero que pensé fue voltear hacia atrás, providencialmente el auto que venía atrás ya se había detenido, así que traté de incorporarme, pero tuve que batallar por lo pesado de la moto. Al segundo intento logré liberar mi pierna y de inmediato traté de levantar la Enticer, pero no tuve éxito hasta que el conductor de una camioneta que venía en el carril contrario se paró a ayudarme, me preguntó si estaba bien y siguió su camino.

Ya de pie y con la moto sobre sus dos ruedas, llegó corriendo otra persona que portaba sombrero Tejano a auxiliarme. Varias veces me preguntó si estaba bien y yo respondí que si, le comenté que me había ayudado muchísimo la chamarra de seguridad. "Solo te faltaron los guantes, sino no te hubiera pasado nada" - me comentó. En ese momento me dí cuenta que mi mano izquierda tenía un gran raspón.

Tardé un poco en regresar del shock de haberme caido. Incluso no lograba encender mi moto, intenté varias veces presionar la marcha sin darme cuenta que había cerrado el switch de arranque con la llave. Después de encender el motor, agradecí al hombre, -que había corrido desde unos locales de comida cercanos a la curva en la que me caí- su ayuda. La persona volvió por donde vino después de darme una palmada el hombro, me despedí de él y emprendí la marcha.

Lógicamente, recorrí el resto del trayecto a una velocidad varias veces menor a la que había circulado antes de caerme. Después de tomar las peligrosas curvas de bajada que anteceden a la entrada de Villa me detuve en la gasolinera para lavar mis heridas y hacer un recuento de los daños. Cuando bajé de la moto me dí cuenta que también me dolía la rodilla izquierda y el antebrazo derecho.





Los saldos del chingadazo.

Pese a que mi chamarra de seguridad lucía sin daño, cuando me despojé de las dos chamarras que portaba pude ver un amplio raspón en mi antebrazo izquierdo y uno más pequeño en mi rodilla. En cuanto a la Black Beauty no hubo grandes daños que lamentar salvo un par de raspones en el poza-piés y en la tapa del cárter. Afortunadamente, la nobleza de la Enticer 125 YBA hizo que mi pérdida de la virginidad en materia de accidentes en el motociclismo fuera menos traumática. Snif!

La Black Beauty es de acero. Daños mínimos.

Llegué a Villa del Carbón con los nervios crispados. Me tranquilizé buscando mis guantes. Después de husmear en un dos locales encontré un par a mi gusto en una tienda peletera al amigable precio de $135. Después compré una pieza de queso fresco y un poco de requesón casero por $50. Luego de tomar un refresco, llamar a mi novia para contarle mi accidente y mandarle un SMS al Almighty con el mismo asunto, decidí emprender el regreso a un paso mucho más calmado.

Varias veces me paré a hacerme algunas fotos.
Primero en el altar a la Virgen de Guadalupe en la entrada de Villa, después en la curva donde me caí, luego en el vaso regulador que antes mencioné, y finalmente en lo alto de una colina desde donde se apreciaba una magnífica vista de los volcanes gracias a la claridad del día. Eso me tranquilizó un poco para llegar a Izcalli un poco más sereno y buscar un antinflamatorio y el excelente antibiótico de la solución Microdacyn, que de verdad, vale los $135 que cuesta a la hora de desinfectar y acelerar la oxidación (cauterización) de las heridas cutáneas.



Unas fotillos para calmar los nervios

¿Qué enseñanzas me dejó la caida de la moto?

Que nunca hay que fiarse de los traicioneros camiones de pasajeros.

Que siempre es mejor hacerse a un lado cuando el auto de atrás te viene presionando.

Que la inversión en el equipo de seguridad nunca será excesiva: Casco, chamarra de seguridad, botas, guantes y si es posible, pantalón con protecciones son implementos obligados por más breve que sea la rodada.

Que a veces subestimo la buena voluntad de las personas. Además de los dos hombres que llegaron a mi auxilio, varios automovilistas que venían detrás se detuvieron para preguntarme cómo estaba y si necesitaba ayuda.

Que es genial poder volver a escribir: "Nos vemos en el camino" después de esta experiencia, en que la vi tan cerca.


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Tuesday, November 10, 2009
"Vine a Villa del Carbón porque me dijeron que ahí vería a Alex, un tAl mighty"
"Vine a Villa del Carbón porque me dijeron que ahí vería a Alex, un tAl mighty"


Hace poco menos de un mes tuve el enorme gusto de darme el rol con el mítico Almighty y el no menos célebre Tocaranch, miembros distinguidos de Moto Ruta México y en general, de la Blogósfera motera. El plan de la rodada surgió, -como suelen surgir los planes que valen la pena- al calor del momento, durante una plática por MSN.

El punto de reunión con los bikers Toluqueños sería en Villa del Carbón, un poblado perteneciente al Municipio de Nicolás Romero ubicado a escasos 60 kilómetros de mi hogar en la república popular de Cuautitlán IzCalifornia. Como supuse que a mis amigos les tomaría más tiempo llegar al punto de reunión que acordamos, decidí tomarme mi tiempo para desayunar, abrigarme bien y salir a recargar combustible. De manera que me lanzé al encuentro de mis amigos con toda la calma del mundo.

El gusto por rodar en el corcel negro llamado Beauty me ha llegado -como dice la canción- de esa manera, que uno no se da ni cuenta. Como un gusto que no tiene horario, ni fecha en el calendario cuando las ganas se juntan. De manera que suelo tomarme con calma los detalles previos a las rodadas de fin de semana. Después de checar los niveles de combustible, los artículos de mi improvisada alforja y el nivel de aire de mis neumáticos salí de Izcalli con destino a la carretera libre de Tepotzotlán - Villa del Carbón.

Ya encaminado en los parajes de Tepotzotlán recibí el primero de varios mensajes SMS del "señor sin mica negra no ruedas" en los que me informaba su posición. Por desgracia, muy tarde comprendí que no me encontraba ante el biker promedio que rueda con cautela y previción, sino con un par de veloces riders que se encontraban ya en el punto de reunión cuando a mi me faltaba más de la mitad de la distancia.

Supuse que si aumentaba la velocidad crucero podría dar alcance a mis amigos en cosa de 30 minutos, pero lamentablemente la cosa no fue tan fácil como yo pensaba, pues justo al superar Cahuacán -un poblado de origen prehispánico, perteneciente a la étnia otomí del Estado de México- la carretera libre rumbo a Villa del Carbón se convierte una carpeta asfealtica que emula las caprichosas siluetas de una serpiente que se enrosca en medio de los cerros ofreciendo al motociclista tramos de bajada no propios para cardiácos.

Debo confesar que los tramos me representaron tal dificutad y me exigieron tanta concentración que ni siquiera tuve tiempo para admirar la belleza de los bosques a un lado del camino. Afortunadamente logré salir con bien de mis primeros tramos de bajada en curva sobre la Black Beauty, por lo que el llegar al Arco que da labienvenida al Pueblo Mágico de Villa del Carbón representó un alivio y un verdadero triunfo.

En la entrada del pueblo me detuve para anunciar en un SMS mi llegada a mis amigos. Encontrarlos no fue un problema, pues ya estaban esperandome en el centro de Villa con una fina estampa que pasará a la posteridad como mi primer encuentro con el mítico Almighty: Alex y Alex sentados en una banca con los ojitos dormilones (casi casi como de tache) sosteniendo en sus manos un recipiente capáz de contener un litro de cerveza, pero que lógicamente, al llegar más de una hora tarde ya se encontraba poco menos que vacío.



Lo primero que hizo el Mighty, luego de obedecer a las reglas de cortesía fundamentales, fue sacar su cámara y fotografiar a mi Black Beauty. Un detalle que llamó la atención del legendario rider fue el tacómetro de mi moto, que justo en ese momento registraba el cabalístico número 666.



¿Coincidencia, superstición? Lo cierto es que el número de la bestia marcó mi encuentro con el señor sin mica negra no ruedas. Mi simpatía por ese jóven Toluqueño, -que se ve más rudo en las fotos de lo que realmente es en persona- me recuerda mucho a cierta canción de los Rolling Stones, cuya letra incluye la estrofa: "Pleased to meet you ¿How you guess my name?"

Después de una breve charla en la que nos pusimos al día respecto al viaje y nuestras experiencias en la moto, emprendimos el viaje a Chapa de Mota, internandonos en una carretera con el tipo de curvas que tanto le gustan al Kamikaze Toluqueño y que amablemente registró en el video que aqui les comparto:



Chapa de Mota nos recibió con un clima nublado que amagaba con volverse lluvia, por lo que después de la caminata de reconocimiento en la plaza y las fotos de rigor en la iglesia, Alex Tocaranch y yo decidimos que era tiempo de que Almighty nos guiara al lugar donde, según el, ofrecían unas ricas carnitas.




"Creo que me falló la jugada, aqui es famosa la barbacoa, no las carnitas" nos dijo Mighty, de modo que tacos de barbacoa y un ríco consomé caliente fue lo que almorzamos mientras platicamos de los inicios en las rodadas, de series de motociclistas y demás aventuras, pero como la lluvia ya comenzaba a aparecer decidimos emprender el regreso a Villa del Carbón, donde habríamos de despedirnos, un poco afligidos por lo breve de nuestro paseo, pero felices porque seguramente esta no sería nuestra última rodada juntos.




El regreso a casa estuvo marcado por un hecho no muy agradable. Una de esas situaciones que nos guste o no (y por lo regular nunca nos gusta) decidimos ocultar a las personas para evadir nuestra cobardía. Resulta que en un paraje recto entre Villa del Carbón y Cahuacan, a la altura donde han instalado una suerte de Marquesa en chiquito con cabañas, renta de caballos y cuatrimotos me topé conque el auto que iba adelante de mi, a unos 400 metros de distancia bajó dramáticamente su velocidad e hizo sonar su claxón en torno a lo que poco después identifiqué como un perro acostado en medio de los dos carriles. El animal parecía confundido y no se movió de la carretera pese a los bocinazos del auto, por lo que cuando me tocó el turno de pasar al lado de él yo también toqué la bocina de mi moto con los mismos resultados.


Casi dos kilómetros después cai en la cuenta de que seguramente el animal no se quitó sencillamente porque no podía hacerlo. A pesar de que me sentí culpable por no haber ayudado al can, decidí no regresar para orillarlo. No se si realmente mi teoria acerca de lo que les pasó al animal haya sido cierta, pero el recuerdo sigue siendo incómodo para mi.

Unos kilómetros adelante la lluvia hizo su aparición. El trayecto en solitario se volvió bastante incómodo al mojarse totalmente mis pantalones y mis zapatos, pues además de la consistente lluvia, los charcos que debía superar, a menudo levantaban agua que iba a dar directamente a mis pies y espalda. El trayecto de Cahuacán a Magú se me hizo eterno, lo peor del asunto es que las nubes intensificaban su carga de agua en la medida que avanzaba, de manera que cuando llegué a Tepotzotlán y consideré la opción de guarnecerme en algún tejado deseché la opción porque sencillamente no podía estar más mojado.

Llegué a Izcalli una hora y media después de haber dejado a mis amigos. La ropa me pesaba y al despojarme de ella descubrí que ni siquiera mi chamarra de protección me había librado de terminar con la espalda mojada, por lo que desde entonces he considerado seriamente la opción de comprarme un impermeable similar a los de Almighty y Alex Tocaranch, quienes se reportaron un poco después reportando un regreso a casa sin novedad y... ¡sin un solo rastro de lluvia en el camino a Toluca!

Aunque la rodada a Villa del Carbón y Chapa de Mota fue breve, me divertí muchísimo rodando con mis amigos y aprendiendo de ellos en su forma de tomar las curvas y protegernos mutuamente. Una experiencia más en este emocionante mundo de las motocicletas.




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Sunday, October 04, 2009
Black Beauty rodando bajo la tutela del padre Judas

"Then we race together. we can ride forever
Wrapped in horsepower, driving into fury
Changing gear I pull you tighter to me."

"Turbo Lover"
Judas Priest


Me gusta salir a rodar escuchando canciones que hablen de motocicletas. Por eso, tengo mi ipod repleto de temas de Judas Priest, la mítica banda de Birmingham que ha logrado conjuntar como pocos el placer de viajar en dos ruedas y disfrutar del heavy metal.

Me parece sensacional como el factor musical puede convertir una rodada cotidiana en toda una experiencia placentera. Escuchar el rugido de la Black Beauty al pasar de tercera a cuarta mientras un buen riff de guitarra acompaña su motor siempre me ha parecido alucinante. Hay tantas canciones de Priest que le vienen bien a la experiencia motera que es difícil recomendar alguna, pero evidentemente "Turbo Lover", "Freewheel burning" y "You got another coming" llevan la delantera por sus aluciones al motociclismo.


Mientras la voz de Rob Halford retumbaba en mis oidos, las ruedas de la Enticer se deslizaban por los solitarios caminos del Estado de México rumbo al poblado de Villa del Carbón vía Tepotzotlán - San Francisco Magú y San José del Vidrio (no se rían, asi se llaman, ¿a poco no parecen nombres de pueblos de caricatura?).

Decidí iniciar las rodada después de las dos de la tarde para evitar los inclementes rayos del sol. Planeaba llegar al centro de Villa del Carbón antes de las cinco para visitar el pequeño museo de la cultura otomí que supuestamente se alberga en ese poblado, pero la curiosidad por un atractivo llamado Presa de la Concepción me hizo hacer una pausa en mi recorrido.



Aunque en la Presa no hay grandes atractivos, es posible pescar algunas especies endémicas de peces como charales y truchas. Pero cuidado, no es raro que los anzuelos de sus cañas regresen a la superficie con alguna serpiente de agua. La presa de La Concepción comenzó a construirse en 1943 para alamacenar agua de temporal destinada a la agricultura. Su capacidad máxima es de 12,500,000 m3 de agua y en su ramal confluyen los ríos Hondo de Tepotzotlán y el canal de la Margen Izquierda.

Desgraciadamente, y como suele ocurrir en todo México, la implacable mancha urbana avanza y rodea las concentraciones de agua que fueron erigidas para riego y que en un entorno urbano representan un inminente riesgo para los jovenes que motivados por el candor del momento y la imprudencia de su edad, suelen reunirse en el punto para beber y realizar fogatas que en más de una ocasión terminan en tragedia.



A las orillas de la presa pude ver varias cruces que recuerdan a las personas (casi todas adolescentes) que han muerto ahogadas. Si bien las cruces resultan perturbadoras para el paseante, su presencia es un recordatorio de los terribles riesgos que se corren al desafiar las corrientes del fondo de las aguas.

Continué mi viaje hasta llegar al pueblo de Magú, que por estas fechas celebra su fiesta anual. Como en muchos pueblos del país, la feria del santo patrono local amerita la instalación de una feria con juegos mécanicos, puestos de antojitos mexicanos, pan de pueblo y un magno baile que en esta ocasión correrá por cuenta de la internacional Sonora Santanera jeje.

Después de cruzar el pueblo por el libramiento, me enfilé hacia San José del Vidrio, otro poblado sin mayor atractivo que los paisajes boscosos de la sierra del Estado de México. Aunque al llegar a este punto llevaba un ritmo de 70 km/h en promedio, al llegar al entronque de Nicolas Romero me di cuenta que disponía de menos de 3 horas de luz natural para llegar a Villa del Carbón y emprender el regreso, por lo que decidí dejar la visita a este municipio para después y regresé a Izcalli por la carretera que lleva al Lago de Guadalupe y a Villa Nicolas Romero.



En el camino de regreso pasé por el poblado de Tepojaco. La verdad fue muy triste ver el grado de depredación urbana en esta zona, pues mientras en Magú y Tepotzotlán se respira un agradable aire pueblerino, en este municipio, en el que el entorno natural debería ser el mismo, lo árboles han sido depredados y la mancha urbana ha convirtido el lugar en un insalubre y polvoso conjunto de casas mal hechas con vialidades llenas de microbuses y en donde es común ver perros callejeros rumiando en los abundantes tiraderos de basura que flanquean el camino.

Aunque el regreso a casa por esta vialidad fue un poco más veloz, definitivamente en mi próxima rodada rumbo a Villa del Carbón recorreré el camino por la ruta de Tepotzotlán, ya que aunque la carretera es más larga y de solo dos carriles, el camino ofrece el tipo de paisajes que buscamos los viajeros cuando salimos a rodar.

Muchas gracias por llegar a este punto del relato, especialmente a la prolífica comunidad de blogueros de la naciente motorutamexico y a los lectores anónimos que visitan este humilde blog, como mi misterioso lector de San Antonio, Texas... (¡Venga un comment, déjanos conocerte!)

Hasta la próxima rodada, ¡Nos vemos en el camino!

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