Monday, May 10, 2010
Escape a la vida


La vida es movimiento. Los procesos vitales tienen una naturaleza dinámica que a veces provoca giros inesperados que nos sacan de la rutina y nos ponen en acción. Por desgracia, una vez que la moneda gira en el aire, uno esta a merced de la probabilidad y, de vez en cuando, suele caer en los sinsabores del lado negativo de la vida.

En meses recientes no me ha ido muy bien en el aspecto laboral. Perdí el empleo que me mantuvo por cinco años y la mayor parte del poder adquisitivo que progresivamente fui obteniendo al paso de los años. Por suerte, encontré una nueva oportunidad laboral en un corporativo al que ingresé apenas me separé de la agencia donde antes trabajaba.

Lamentablemente, el cambio no me permitió mantener mi nivel de vida, de modo que no solo perdí algo así como el 40% de mis ingresos, sino que también muchas de las libertades que antes me permitían escaparme a hacer una entrevista a una disquera a la hora de la comida, salir temprano para entrenar para una carrera o escribir en la oficina en algún momento libre.

Entiendo que esta es una racha temporal que debo superar, por eso me mantengo optimista y con los sentidos abiertos a la espera de una oportunidad que mejore estos aspectos de mi vida. Afortunadamente, hay muchas cosas que me animan, una de ellas es Resonancia Magazine, la revista electrónica que emprendí a finales del año pasado junto a mis amigos Jonathan Villicaña y Karina Cabrera y que hemos complementado con las excelentes y generosas colaboraciones de Enrique Dorantes, Helena Torres, Manuel Romero, Fernando García, José Antonio Sánchez y David Cedillo.

Otra de las cosas que me anima muchísimo es la oportunidad de viajar al lado de mi adorada Laura. Cada día de asueto o fin de semana largo es una excelente oportunidad para planear un escape de la rutina que nos lleve a conocer nuevos lugares sin importar la distancia, las limitantes económicas o las incomodidades que pueda exigir el viaje.

Mahahual fue el destino más reciente al que viajamos aprovechando las vacaciones de semana santa. El complejo turistico de Mahahual es un destino enfocado casi en su totalidad a la captación de vacacionistas extranjeros provenientes de los cruceros que atracan en sus playas y que gracias a sus paradisiacos atractivos y su ubicación privilegiada en la parte más atractiva del caribe llegan frecuentemente.

Por desgracia, viajar desde la ciudad de México a las playas del caribe mexicano es cada vez más complicado por la distancia y el alto precio de los boletos de avión. Es frustrante ver como el gobierno federal se empeña en beneficiar intereses de unos cuantos en detrimento del turismo nacional, que a diferencia del extranjero, es el que siempre saca a flote a esta industria en momentos de crisis.

La cancelación de vuelo a aerolíneas de bajo costo como Aviacsa, con el pretexto de ofrecer el servicio de una sola "aerolínea bandera" es totalmente absurdo. En un mundo globalizado y regido por las leyes de la oferta y la demanda, este tipo de argumentos no solo es una estupidéz, sino que sirven como una justificación amañada a la alza de tarifas hasta en un 30% por parte de Mexicana y Aeroméxico en plazas como Chetumal o Mérida donde anteriormente existía la alternativa de Aviacsa.

De modo que, sin la alternativa de adquirir un vuelo redondo hasta la frontera sur de la República, decidimos emprender el viaje de ida por tierra y volar de regreso desde Chetumal hasta la Ciudad de México por el abusivo precio de $2,100 pr persona. Como Laura pasaría algunos días con sus familiares en Tuxtepec, Oaxaca, yo emprendí el viaje en autobús unos días después para alcanzarla en aquel poblado.

El viaje en autobús de la terminal Tapo en la ciudad de México a Tuxtepec tiene un costo de $360 por ADO y una duración de 10 horas, con escalas en Orizaba, Cordoba y Tierra Blanca, Veracruz. El recorrido me permitió observar los diferentes cambios de clima y vegetación que imperan en los tres estados que crucé. Desde la temperatura templada y carente de vegetación de la zona metropolitana, pasando por el frío invernal y los espesos bosques de la serranía de Puebla, la humedad y la niebla de la sierra veracruzana, los paisajes de las cumbres de Maltrata y finalmente el calor tropical en los linderos entre Veracruz y Oaxaca que es propicio para las plantaciones de plátano, caña de azúcar y cítricos que se ven en el camino.

Al ver la cantidad de voladeros, ríos y obstáculos que hay que cruzar para llegar desde la Ciudad de México hasta Veracruz, valoré muchísimo las travesías que emprendían las comitivas Mexicas y Españolas en la antiguedad. Como ya antes me había topado con los cambios de clima repentinos en los autobuses, me previne y llevé la cobijita de felpa que no puede faltar en ningún viaje.

Aunque llevaba un libro en mi mochila, durante todo el viaje me entretuve mirando la guía Lonely Planet que compré el año pasado para revisar los atractivos de cada ciudad. Fue así que me enteré de las excurisones en bici de montaña que se ofrecen en Córdoba y que existe un edificio en el centro de Orizaba llamado el Palacio de Hierro, que literalmente es un Palacio de ese material que fue transportado en barco desde Francia y armado en esa ciudad en 1894 a encargo de Porfirio Díaz. Aunque no pude verlo me prometí que algún día regresaría a visitar esos atractivos.

Después de eludir varios cruces de ferrocarril y una airada manifestación que amenazaba con cerrar la carretera, mi camión finalmente hizo la última escala en Tierra Blanca, el último poblado antes de cruzar el puente que cruza el río Papaloapan y divide los estados de Veracruz y Oaxaca. Una vez del otro lado del puente, puede vislumbrar la localidad de Tuxtepec.

Salí en solitario un martes muy temprano, pero por la tarde ya me encontraba con mi Lau en Tuxtepec comiendo juntos, apenas unas horas antes de tomar otro autobús que nos llevaría a Villahermosa. Cuando no está inundada, la ciudad de Villahermosa es un importante punto estratégico para cambiar de autobús y dirigirse casi a cualquier lado. Nosotros llegamos alrededor de las 2 de la mañana para tomar el ADO, ahora rumbo a Chetumal.

Después de esperar alrededor de 40 minutos a partir de la hora indicada en nuestro boleto, nuestro autobús finalmente salió de Tabasco. En este trayecto, que fue el más largo del viaje, tuvimos mala suerte con los choferes, el primero venía con una gripe marca diablo que le hacía sonarse ruidosamente cada 30 minutos, y cuando nos lo cambiaron, ya en territorio Campechano, el conductor de reemplazo resultó ser un viejito que manejaba con una lentitud desesperante, apenas 80 km/h en tramos rectos.

Después de una pausa para desayunar en un reataurante carretero cerca de Escarcega, el camión siguió su recorrido, ya con luz de día, a lo ancho de la península de Yucatán. Durante ese trayecto pude ver la gran cantidad de zonas arqueológicas Mayas que están a pie de carretera, pude ver las desviaciones a Calakmul, Chiccana, Hormiguero y Xpujil antes de llehar a Chetumal.

Me pareció una excelente idea para un futuro próximo viajar en moto o establecer un campamento base en alguno de los hoteles de Xpujil para desde ahí recorrer la media docena de zonas arqueológicas en las inmediaciones de Campeche

Alrededor de las dos de la tarde por fin llegamos a Chetumal. Después de analizar nuestras opciones, decidimos lanzarnos con todo y maletas a la laguna de los siete colores en Bacalar. Como la distancia es mínima y los autobuses tardaban alrededor de una hora en salir decidimos viajar en taxi. Nos cobró $250, algo caro, pero realmente ya estabamos hartos del autobus, de modo que decidimos movernos y en 15 minutos ya estabamos en la orilla de la majestuosa laguna de Bacalar.



Un tour por la laguna salía en ese momento, de modo que con la intervención del lanchero encargamos nuestras maletas en el restaurante del lugar y nos trepamos a la lancha en un tour de 1 hora por solo $70 por persona. La lancha nos llevó a recorrer el interior de la laguna y a visitar el enorme cenote que, dada su profundidad, oscurece las aguas debajo de él.


Finalmente nos llevaron a una zona donde pudimos bajar del bote para nadar en las aguas pristinas de Bacalar. Cabe destacar que por alguna razón, la temperatura del agua en la laguna es bastante cálida y la arena en el fondo es suave y con el color y consistencia de la de las playas del caribe. El paseo por la laguna no es muy extenso, pero vale muchísimo la pena.




Después del recorrido comimos en el restaurante donde encargamos las maletas. Yo pedí un pescado bastante decente y Laura una pechuga de pollo. Cabe destacar que nos encontrabamos en la zona conocida como el balneario, cerca del fuerte de Bacalar, un lugar bastante socorrido por los habitantes de Chetumal, por lo que los precios en su mayoría eran bastante populares.



Continuará...


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Sunday, October 04, 2009
Black Beauty rodando bajo la tutela del padre Judas

"Then we race together. we can ride forever
Wrapped in horsepower, driving into fury
Changing gear I pull you tighter to me."

"Turbo Lover"
Judas Priest


Me gusta salir a rodar escuchando canciones que hablen de motocicletas. Por eso, tengo mi ipod repleto de temas de Judas Priest, la mítica banda de Birmingham que ha logrado conjuntar como pocos el placer de viajar en dos ruedas y disfrutar del heavy metal.

Me parece sensacional como el factor musical puede convertir una rodada cotidiana en toda una experiencia placentera. Escuchar el rugido de la Black Beauty al pasar de tercera a cuarta mientras un buen riff de guitarra acompaña su motor siempre me ha parecido alucinante. Hay tantas canciones de Priest que le vienen bien a la experiencia motera que es difícil recomendar alguna, pero evidentemente "Turbo Lover", "Freewheel burning" y "You got another coming" llevan la delantera por sus aluciones al motociclismo.


Mientras la voz de Rob Halford retumbaba en mis oidos, las ruedas de la Enticer se deslizaban por los solitarios caminos del Estado de México rumbo al poblado de Villa del Carbón vía Tepotzotlán - San Francisco Magú y San José del Vidrio (no se rían, asi se llaman, ¿a poco no parecen nombres de pueblos de caricatura?).

Decidí iniciar las rodada después de las dos de la tarde para evitar los inclementes rayos del sol. Planeaba llegar al centro de Villa del Carbón antes de las cinco para visitar el pequeño museo de la cultura otomí que supuestamente se alberga en ese poblado, pero la curiosidad por un atractivo llamado Presa de la Concepción me hizo hacer una pausa en mi recorrido.



Aunque en la Presa no hay grandes atractivos, es posible pescar algunas especies endémicas de peces como charales y truchas. Pero cuidado, no es raro que los anzuelos de sus cañas regresen a la superficie con alguna serpiente de agua. La presa de La Concepción comenzó a construirse en 1943 para alamacenar agua de temporal destinada a la agricultura. Su capacidad máxima es de 12,500,000 m3 de agua y en su ramal confluyen los ríos Hondo de Tepotzotlán y el canal de la Margen Izquierda.

Desgraciadamente, y como suele ocurrir en todo México, la implacable mancha urbana avanza y rodea las concentraciones de agua que fueron erigidas para riego y que en un entorno urbano representan un inminente riesgo para los jovenes que motivados por el candor del momento y la imprudencia de su edad, suelen reunirse en el punto para beber y realizar fogatas que en más de una ocasión terminan en tragedia.



A las orillas de la presa pude ver varias cruces que recuerdan a las personas (casi todas adolescentes) que han muerto ahogadas. Si bien las cruces resultan perturbadoras para el paseante, su presencia es un recordatorio de los terribles riesgos que se corren al desafiar las corrientes del fondo de las aguas.

Continué mi viaje hasta llegar al pueblo de Magú, que por estas fechas celebra su fiesta anual. Como en muchos pueblos del país, la feria del santo patrono local amerita la instalación de una feria con juegos mécanicos, puestos de antojitos mexicanos, pan de pueblo y un magno baile que en esta ocasión correrá por cuenta de la internacional Sonora Santanera jeje.

Después de cruzar el pueblo por el libramiento, me enfilé hacia San José del Vidrio, otro poblado sin mayor atractivo que los paisajes boscosos de la sierra del Estado de México. Aunque al llegar a este punto llevaba un ritmo de 70 km/h en promedio, al llegar al entronque de Nicolas Romero me di cuenta que disponía de menos de 3 horas de luz natural para llegar a Villa del Carbón y emprender el regreso, por lo que decidí dejar la visita a este municipio para después y regresé a Izcalli por la carretera que lleva al Lago de Guadalupe y a Villa Nicolas Romero.



En el camino de regreso pasé por el poblado de Tepojaco. La verdad fue muy triste ver el grado de depredación urbana en esta zona, pues mientras en Magú y Tepotzotlán se respira un agradable aire pueblerino, en este municipio, en el que el entorno natural debería ser el mismo, lo árboles han sido depredados y la mancha urbana ha convirtido el lugar en un insalubre y polvoso conjunto de casas mal hechas con vialidades llenas de microbuses y en donde es común ver perros callejeros rumiando en los abundantes tiraderos de basura que flanquean el camino.

Aunque el regreso a casa por esta vialidad fue un poco más veloz, definitivamente en mi próxima rodada rumbo a Villa del Carbón recorreré el camino por la ruta de Tepotzotlán, ya que aunque la carretera es más larga y de solo dos carriles, el camino ofrece el tipo de paisajes que buscamos los viajeros cuando salimos a rodar.

Muchas gracias por llegar a este punto del relato, especialmente a la prolífica comunidad de blogueros de la naciente motorutamexico y a los lectores anónimos que visitan este humilde blog, como mi misterioso lector de San Antonio, Texas... (¡Venga un comment, déjanos conocerte!)

Hasta la próxima rodada, ¡Nos vemos en el camino!

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Sunday, September 13, 2009
Black Beauty dando tiempo al tiempo
Black Beauty y su bolsita pirata

Este fin de semana, mientras mis nuevos amigos moteros encendieron sus máquinas y tomaron carretera desde sus respectivas ciudades hacia un destino común en el estado de Querétaro, yo decidí no tentar a la suerte y quedarme en casa para reponerme de los remanentes de un molesto resfriado que ha durado mas de la cuenta.

La verdad es que esta vez la prudencia pudo mas que las ganas que tenía de encontrarme con ellos y rodar en carretera, pues además de mi nula experiencia en carreteras de alta velocidad y con superficie mojada, aún no cuento con el equipo completo para este tipo de viajes (guantes, herramienta, chamarra, botas de seguridad etcétera).

Decidí no ir, pero no por eso me quedé con ganas de salir y rodar. De modo que el sábado salí muy temprano rumbo al DF para visitar a mi novia y enfrentarme por primera vez al temible tráfico de la México - Querétaro en horas pico. Rodé desde Izcalli hasta el antiguo barrio de Azcapotzalco con relativa tranquilidad, salvo por el desastroso tramo de la Avenida Ceylán en donde la lluvia y el paso de los trailers han dejado el pavimento cual trincheras de la segunda guerra mundial.

Ese día aprovechamos para visitar una agencia Yamaha y comprar un casco para pasear juntos. Ella eligió un colorido casco cerrado KBC mucho más bonito que el mio, y que en honor a la verdad me provocó un poco de envidia y me hizo considerar comprarme uno parecido en cuanto pueda.

Super casco KBC... ¡quiero uno igual!

Ya con las precauciones de seguridad pertinentes, rodamos rumbo al centro comercial Plaza Satelite ,en donde la inusual cortesía del vigilante nos sorprendió al indicarnos que pasaramos cuando nos disponíamos a tomar nuestro boleto... solo pudimos responder: "bueeeeeno, pues gracias!


Centro comercial con certificación "biker - friendly"

Comimos un helado y curioseamos por ahí antes de regresar a Azcapo. Una vez en casa me despedí de Lau y emprendí el regreso a izcalli con buen clima y tráfico despejado, lo que me permitió rodar por los carriles centrales con relativa seguridad y a velocidad crucero de 80 km/h. Por la noche, un mensaje de texto de Almighty me hizo añorar la rodada con mis cuates, por lo que decidí marcarle a la banda concentrada en Querétaro y mandar saludos al BonnieRacer, al buen Aaron, al Motoso y a los camaradas de Alex Almighty que, como el mismo dijo: ofrecerán cuatro punto de vista diferentes de la rodada desde sus respectivos blogs.

Al otro día me sentí un poco más aliviado de mi gripa y decidí salir a rodar a los alrededores de Izcalli. Recordé que a escasos 4 kilómetros de este municipio se encuentra el Lago de Guadalupe, uno de los vasos regulares que en otros tiempos fue uno de los más importantes del Valle de México y que incluso llegó a albergar competencias náuticas. Decidí ir a comprobar el estado del lago, que por estos meses de lluvias aumenta su caudal y alimenta los poco espacios naturales que las inmobiliarias depredadoras han dejado en la zona.

Una vez ahí comprobé que la depredación del hombre no es más grande que la fuerza de la naturaleza, que se aferra a vivir en los resquicios de espacio que éste le deja a su paso. Acorralado por construcciones urbanas que han contaminado sus aguas virtiendo sus desechos en sus cuencas, sobrevive lo que queda del majestuoso Lago. Es un alivio ver que en sus orillas, aún es posible ver patos, aves endémicas y hierba verde que contrasta con las hermosas flores de color magenta que algún día fueron características de mi municipio.

La vida se abre paso

En el lugar, que se ha convertido en una de las pocas áreas verdes que los niños de la zona pueden visitar se ofrecen antojitos, juegos inflables y paseos en caballo. Aunque no hay mucho que ver, siempre reconforta contar con un poco de naturaleza en medio de tanto pavimento y concreto. Aunque no siempre fue así, recuerdo que las primeras veces que visite el Lago, el viaje hasta la zona representaba una excursión similar a visitar las Lagunas de Zempoala.

Caballos de fuerza

Para llegar había que tomar una desviación un tanto larga desde la carretera México - Querétaro hasta el Lago de Guadalupe, en donde salvo algunas construcciónes de familias pudientes, no había nada excepto el mítico parque de diversiones Plaza Show: una especie de "Reino Aventura" de los años ochenta en donde había dinosaurios de tamaño real, juegos mécanicos y teatros con shows de payasos muy al estilo de lo que ahora es Six Flags, solo que en obra negra, pues nunca llegó a concretarse por lo alejado que resultaba del DF. Ante la falta de visitantes, el parque terminó por ceder sus terrenos a lo que hoy es un insípido campus de la UVM.

Regresé del Lago cuando la luz del día comenzaba a extinguirse y los primeros indicios de lo que sería un tormentón marca diablo comenzaban a asomarse en el cielo. Por suerte, cuando comenzó a llover ya estaba en casa, de modo que la Black Beauty y un servidor nos salvamos de la tremenda granizada que cayó en el valle de México ayer por la tarde.


Vámonos! Ahí viene el agua Beauty!

Aunque el fin de semana no rodamos muy lejos, la práctica acumulada es cada vez más grande, lo que nos permite aspirar a rodar con la banda en un futuro que cada vez se ve más próximo.

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Sunday, August 23, 2009
Black Beauty y los Arcos del tiempo

Los viajes se matizan por el medio con que se accede a la aventura. Quienes tenemos el enorme placer de manejar una motocicleta sabemos que la experiencia solo se vive a plenitud cuando se tiene un contacto directo con los elementos de la naturaleza.



Así las cosas, el sábado me decidí a explorar las posibilidades de mi Black Beauty en territorios donde los fraccionamientos y los conjuntos habitacionales comienzan a ceder su espacio a terrenos verdes, a milpas y a campos arbolados en los que aún es posible ver ganado pastando.

Decidí iniciar el trayecto desde Cuautitlán Izcalli después de las 4 de la tarde, dando tiempo a que el sol bajara su intensidad y me permitiera enfilarme hacia Tepotzotlán con un clima templado y con el cielo nublado.

Circulé hasta ese municipio sin problemas, de ahí tomé la desviación hacia Cuautlalpan y Villa del Carbón que me llevaría a mi destino final: Arcos del Sitio, un hermoso sitio arquitectónico caracterizado por un enorme acueducto de más de 60 metros de altura y cuya construcción fue encargada por el Duque de Regla en el siglo XVII para alimentar de agua a las grandes haciendas agrícolas de la región.

El también llamado Acueducto de Xalpa, cruza un acantilado que requirió la construcción de los 46 arcos superpuestos que conforman la impresionante construcción de 438 metros de longitud, y que hace de Arcos del Sitio uno de los acueductos más grandes de América Latina.


La salida de Tepotzotlán fue un tanto complicada debido a la carga vehicular provocada por un trailer que batallaba con los topes en los tramos de subida. Si ya de por si un tope en una subida es paradójico, imaginar un trailer circulando en una vía de dos carriles es todavía más absurdo. Afortunadamente, unos metros más adelante recurrí a mis ventajas de motociclista para rebasar al trailer junto a un par de repartidores de pizza con los que rodé hasta el fraccionamiento campestre de las Cabañas.

Confirmar que circulaba en la dirección correcta fue sencillo, pues los señalamientos ubicados desde las afueras de Tepotzotlan me marcaron el camino y me indicaron que la distancia entre ambos puntos es de 22 kilómetros. Aproximadamente a los 5 kilómetros se termina la zona urbana y los terrenos ejidales, y su belleza característica en esta época de lluvias sale a relucir haciendo más atractivo el viaje. Los colores, los aromas y hasta las temperaturas cambian radicalmente y vuelven al recorrido una experiencia rica y emocionante.



Como en todos los viajes de aventura, el camino ofrece sobresaltos que se disfrutan en los primeros kilómetros, pues el trayecto de dos carriles ofrece subidas y bajadas en los que es posible encontrar colinas que regalan paisajes hermosísimos. Por desgracia, esta belleza contrasta con el deteriorado estado de la carretera que por momentos emula a un campo atrincherado que castiga las suspensiones de los coches, pero que el motociclista común puede driblar alegremente.

A 4 kilómetros de Arcos del Sitio hay una desviación que lleva a un camino en línea recta que desemboca en el Parque y en donde pude subir hasta cuarta para mantener la velocidad crucero en 70 km/h aunque en algunos tramos logré levantar hasta 85 sin problemas.



Alcancé la entrada de los Arcos poco antes de las 6 de la tarde, con buena luz y con buen tiempo para hacerme unas fotos y regresar antes del anochecer. Aunque ya había leído un poco en internet, me sorprendió conocer los atractivos que ofrece el parque ecoturístico que el municipio de Tepotzotlán construyó al lado de los Arcos, y en donde es posible disfrutar de un pequeño lago para remar, una zona amplia para hacer parrilladas, disfrutar del restaurant del parque, montar a caballo, lanzarse de tirolesa o nadar en una de sus dos albercas con agua caliente.


Claro, todo esto tiene un costo, de modo que después de pagar $35 y recibir el boleto de entrada que emite la comunidad de San Francisco Magú (que por cierto, goza del decreto presidencial de exclusión de pago de impuestos concedido por Benito Juárez) entré al parque pese a darme cuenta que estaba a punto de llover.

Pero no estaba dispuesto a rodar tan lejos solo para sacar un par de fotos y dar vuelta atrás, de modo que conduje mi moto por un camino de bajada que lleva a la base de los Arcos, pasando a un lado de las albercas, la zona de juegos y que termina en un pequeño lago y una zona de camping.



Quizá por la hora del día o porque es conocido que en esta época las lluvias son frecuentes por las tardes, en el parque no había muchos visitantes, lo cual me dio la oportunidad de sacar fotos limpias y evitar la pena de ser pillado haciendome el famosísimo autoshot jeje.






Pero como la llovizna amenazaba en volverse una copiosa lluvia decidí emprender el regreso, solo que esta vez acompañado de mi ipod y los furiosos riffs de guitarra de Judas Priest y sus letras de índole motociclista en rolas como "Freewheel burning" en las que Rob Halford canta: "Fast and furious, we ride the universe.."

Manejar con música dentro del casco a través de los caminos desiertos es una experiencia alucinante. La esencia básica del rock and roll: velocidad + emoción + libertad se disfruta muchísimo de esa manera. Por desgracia, dos factores no considerados dieron al traste con mi experiencia religiosa cuando la lluvia me empapó completamente y el terrible frio del viento me dejó congelados los pies, las piernas y... pues si, también los cojones :(


Pero una vez superada la cortina de lluvia el mismo viento se encargó de retirar el exceso de humedad de mi ropa y me permitió manejar relativamente tranquilo. Eso hasta que un terrible sobresalto me hizo apretar los dientes y sentir una carga de adrenalina hormigueando en los dedos de mis manos. Resulta que al rodar a unos 70 kilómetros por hora, un tope ubicado a unos 10 metros me hizo pisar el freno trasero, pero al ver que no sería suficiente, frené con el de adelante aumentando la potencia contra el pavimentos mojado, que a esa velocidad provocó que la moto "serpenteara" un poco antes de librar el tope.

La verdad es que por primera vez sentí miedo de caerme, de modo que decidí llevarmela más tranquila al comprobar que la respuesta de la moto sobre terreno mojado es muy diferente a la de un auto. También me di cuenta que en los tramos con mucha afluencia vehícular el hule que se adhiere al pavimento deja el terreno bastante resbaloso.



Antes de llegar a Tepotzotlán me detuve un momento para comprar elotes recien cortados de las milpas que vi en el camino y que me permitieron comprobar la resistencia de la red elástica que coloqué en el asiento de la moto. Y también para regresar a casa con una prueba física de mi paso por la soledad de esos territorios alejados, en los que las voces cotidianas se extinguen y se pierde completamente la dimensión de lo ordinario.



Esos territorios en donde se percibe más claramente la sensación de estar vivo, sentirse libre y jodidamente feliz.

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Thursday, March 05, 2009
Cuando la música se hace física
Hay canciones que afectan de tal manera, que provocan reacciones físicas que son imposibles de eludir. La música es así, un eterno generador de emociones que nos hace compartir sus efectos diciendo: "me pasó algo estupendo".

Ayer me pasó algo así. Resulta que iba escuchando el radio de mi auto en la madrugada cuando de repente, pasó frente a mis oidos un tema que llamó mi atención por su ritmo, por el timbre de voz de la cantante y porque contaba una historia con muchos paralelismos con algo que me ocurrió hace unos años y que publiqué en este mismo blog.

Al dejar de oir, y comenzar a escuchar con detenimiento la letra de la canción, quedé conmovido. La historia no solo es bellísima, sino que es ejecutada de manera impecable y con un desenlace poco convencional para una canción pop. En resumidas cuentas, el tema "Jueves" del grupo español La Oreja de Van Gogh habla de la coincidencia de los ciclos de una mujer y un hombre que diariamente cruzan sus caminos en un tren camino a su trabajo.

En la canción, como suele pasar en las historias de este tipo, el silencio, la pena y el miedo al rechazo son las barreras infranqueables que impiden que ambos personajes se conozcan, al menos de manera literal, pues la canción sugiere que en algún momento llega a darse este encuentro de forma figurativa, pues un intempestivo hecho que remite a los atentados terroristas del 11 de Marzo, en España, culmina contundentemente esta dulce y conmovedora canción.

Aquí un fragmento de la letra y el video de la canción:



"Si fuera más guapa y un poco más lista si fuera especial si fuera de revista
Tendría el valor de cruzar el vagón y preguntarte quién eres
Te sientas enfrente y ni te imaginas que llevo por ti mi falda más bonita
Y al verte lanzar un bostezo al cristal se inundan mis pupilas

Y de pronto me miras te miro y suspiras
Yo cierro los ojos tú apartas la vista
Apenas respiro me hago pequeñita
Y me pongo a temblar

Y así pasan los días de lunes a viernes como las golondrinas del poema de Bécqer
Y de estación a estación en frente tú y yo va y viene el silencio


Y aquí, el texto que originalmente escribí para este blog en Abril del 2007.
¡Caray! parece que esta hermosa canción es una versión sonora de ese mismo sentimiento que muchos hemos vivido.

Wednesday, April 18, 2007
La chica del Metro
La chica del Metro

Desde hace como 3 meses su presencia incendiaria me atormenta con regularidad por las mañanas, camino al trabajo.

Si se es observador, es posible distinguir en el transporte público a rostros familiares que comparten el mismo horario de camino a sus trabajos.

De entre todos ellos surgió esta chica. Es como de mi estatura, no tendrá mas de 23 años, figura terrenalmente curvilínea, cabello rizado castaño claro, piercing en la naríz y un estilo para vestirse juvenil y espectacular. En resúmen: la conjunción de todos los elementos que me enloquecen en una mujer.

No puedo distinguir cual fue la primera vez que la ví, pero cuando caí en la cuenta de que al igual que yo ella también se sube al metro en la estación Instituto del Petróleo, transborda en El Rosario y se baja en Auditorio ya era demasiado tarde.

El destino es tan caprichoso que se puede alterar con tan solo una mirada.
En un momento estás parado en el andén, moviendo la patita mientras escuchas en tu Ipod la rola de Martin Solveig que te trae loco, y al siguiente estás admirandola, preguntandote a que se dedicará y lamentando el hecho de ser tan pendejo con las mujeres y no tener el valor para acercarte y preguntar su nombre.

Mientras escribo estas líneas aún no me recupero de su look de hoy (colita de caballo y faldita hippie) y del hecho de ni siquiera haber sido capáz de usar el viejísimo truco de preguntarle la hora e iniciar así una conversación.

Es la historia de mi vida: Si la geometría de la oportunidad no traza una hipotenusa que ponga en mi camino a una chica, soy incapáz de alcanzar el cateto adyacente por mis propios medios.

Hay bellezas que provocan de forma tormentosa, la chica del Metro es una de ellas. Igual que una mariposa moviendo las alas en japón, su sola presencia es suficiente para sacudir una buena parte de mi día.

Comprobado, nunca se es demasiado viejo para ser un admirador secreto.

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Friday, February 20, 2009
Pedaleando por el DF con Ziggy Stardust...



La Ciudad de México tiene muchísimas cosas que nos hacen odiarla, pero también algunas otras que vale la pena aprovechar mientras duren, pues ya se sabe: la suerte no suele quedarse mucho tiempo a nuestro lado.

Desde hace tiempo tenía ganas de usar el servicio gratuito de renta de bicicletas que el Gobierno del Distrito Federal ofrece cerca de mi trabajo, en la zona de Polanco. Pues bien, escribo estas líneas a mi regreso del horario de comida, el cual -para mi- es inusualmente largo, pues dispongo de 2 horas que me han permitido disfrutar de un paseo bicicletero en horarios de oficina.

El trámite para rentar la bicicleta es realmente sencillo: basta con acudir a uno de los módulos (yo fui al que está frente al Auditorio Nacional) y dejar en prenda al menos dos identificaciones oficiales -si, dos- como la credencial del IFE o la Licencia de manejo para obtener en préstamo una bicicleta de montaña marca Benotto, una cadena con llave y un casco de ciclismo.

foto: elmanubrio.blogspot.com

Debo admitir que las bicicletas que ofrecen son realmente de primera. Vale la pena destacar que el GDF haya elegido a la marca Benotto como provedor de las bicis, pues es una empresa orgullosamente mexicana fundada hace muchos años por el emigrante italiano Giacinto Benotto, como bien relata el escritor mexicano Rogelio Garza en su libro "Las Bicicletas y sus dueños".

Las bicis son cómodas, ligeras y veloces. Funcionan a la perfección pues son equipos nuevos y adicionados con detalles bastante útiles para el entorno urbano, como un curioso timbre mecánico y un cómodo asiento acolchonado sobre el que me acomodé después de poner en mi Ipod el "Ziggy Stardust & the spiders from Mars" de Bowie (flamante recomendación del maestro Velasco) y entonces si, pedalear por el bosque como Dios manda.

No se por qué razón las primeras pedaleadas en una bici nueva siempre son las mejores. Agarrar velocidad y sentir el airecito en la cara es una sensación alucinante que transporta al ciclista a las épocas más felices de su vida. Aunque tengo una bici en casa (una Águila plateada, marca Benotto) la que acabo de pedalear me gustó mucho, pues es más rápida y ligera que la mia.

En hora y media le dí la vuelta al Bosque de Chapultepec, pasé por el monumento a los niños héroes, rodé al lado del lago menor y del castillo de Chapultepec y de los museos de la zona. Incluso descubrí un local a espaldas del zoológico que también ofrece la renta de bicicletas, solo que éstas son usadas y las prestan a un precio de $40 la hora. Seguramente -si es que prospera esta iniciativa- muy pronto estos abusivos se irán a la quiebra. ¡Qué bueno! se lo merecen por manchados.

Una vez que recorrí casi por completo la primera sección de Chapultepec rodé por el paseo de la Reforma, pero elegí el lado incorrecto de la calle (en dirección hacia La Villa) asi que desconfiando de mi pericia para pedalear sobre el arroyo vehicular di vuelta en "u" a la altura del circuito interior y me enfilé hacia la ciclopista del circuito Gandhi tan rápido que hasta logré refrescarme con el viento.

Opté por cruzar Reforma por el paso a desnivel del metro Auditorio, pues han colocado ahí algunas barras de metal de color amarillo para empujar las bicis al subir las escaleras sin tener que cargarlas. Una vez del otro lado, me dispuse a entregar el vehículo en el módulo y regresar a mi trabajo con unos minutos de sobra para escribir este post.

Mientras paseaba en bici reflexioné acerca de los lugares a los que suelo ir a la hora de la comida y a los que podría llegar en bicicleta sin tener que usar transporte público. También recordé los tiempos en que entrenaba para alguna carrera a esa misma hora y lo complicado e incómodo que resultaba correr comparado con esta forma de hacer ejercicio.

¡Definitivamente voy a usar mucho este servicio en lo sucesivo!

A veces, también es bueno vivir en el Df.


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Wednesday, February 04, 2009
Recreando "El viaje en globo" de Jorge Luis Borges
"El viaje en globo" de Jorge Luis Borges



"Como lo demuestran los sueños, como lo demuestran los ángeles, volar es una de las ansiedades elementales del hombre. La levitación no me ha sido aún deparada y no hay razón alguna para suponer que la conoceré antes de morir.

Ciertamente, el avión no nos ofrece nada que se parezca al vuelo. El hecho de sentirse encerrado en un ordenado recinto de cristal y de hierro no se asemeja al vuelo de los pájaros ni al vuelo de los ángeles. Los vaticinios terroríficos del personal de a bordo, con su ominosa enumeración de máscaras de oxígeno, de cinturones de seguridad, de puertas laterales de salida y de imposibles acrobacias aéreas no son, ni pueden ser, auspiciosas. Las nubes tapan y escamotean los continentes y los mares. Los trayectos lindan con el tedio.



El globo, en cambio, nos depara la convicción del vuelo, la agitación del viento amistoso, la cercanía de los pájaros. Toda palabra presupone una experiencia compartida. Si alguien no ha visto nunca el rojo, es inútil que yo lo compare con la sangrienta luna de San Juan el Teólogo o con la ira; si alguien ignora la peculiar felicidad de un paseo en globo es difícil que yo pueda explicársela.



He pronunciado la palabra felicidad; creo que es la mas adecuada. En California, hará unos treinta días, Maria Kodama y yo fuimos a una modesta oficina perdida en el valle de Napa. Serían las cuatro o las cinco de la mañana; sabíamos que estaban por ocurrir las primeras claridades del alba. Un camión nos llevó a un lugar aún mas distante, remolcando la barquilla. Arribamos a un sitio de la llanura que podía ser cualquier otro. Sacaron la barquilla, que era un canasto rectangular de madera y de mimbre y empeñosamente extrajeron el gran globo de una valija,



lo desplegaron en la tierra, separaron el género de nylon con ventiladores, y el globo cuya forma era la de una pera invertida, como en los grabados de las enciclopedias de nuestra infancia, creció sin prisa hasta alcanzar la altura y el ancho de una casa de varios pisos.




No había ni puerta lateral ni escalera; tuvieron que izarme sobre la borda. Éramos cinco pasajeros y el piloto que periódicamente henchía de gas el gran globo cóncavo. De pie, apoyamos las manos en la borda de la barquilla.



Clareaba el día; a nuestros pies a una altura angelical o de alto pájaro se abrían los viñedos y los campos. El espacio era abierto, el ocioso viento que nos llevaba como si fuera un lento río, nos acariciaba la frente, la nuca o las mejillas. Todos sentimos, creo, una felicidad casi física.



Escribo así porque no hay felicidad o dolor que sean sólo físicos, siempre intervienen el pasado, las circunstancias, el asombro y otros hechos de la conciencia. El paseo, que duraría una hora y media, era también un viaje por aquel paraíso perdido que constituye el siglo diecinueve.


Viajar en el globo imaginado por Montgolfier era también volver a las páginas de Poe, de Julio Verne y de Wells. Se recordará que sus selenitas, que habitan el interior de la luna, viajaban de una a otra galería en globos semejantes al nuestro y desconocían el vértigo."


Fragmento del texto títulado "Viaje en Globo" incluido en el libro "Atlas" de Jorge Luis Borges. Las imagenes son un recuerdo del viaje de fin de semana a Huamantla (Tlaxcala) con motivo del cumpleaños de mi Cinamonn Girl. La página donde pueden contratar el paseo está AQUI.

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