Sunday, December 21, 2008
La vida como una naranja
¿Qué es lo que uno espera de los años? ¿Una sucesión de éxitos y abundancias? ¿Un calvario lleno de penas y obstáculos que nos garantize la salvación del alma? ¿Una colección de momentos Kodak que demuestre a los demás lo felices y exitosos que somos?

La verdad es que existen analogías muy brillantes para ilustrar el tema, pero yo siempre he preferido las cosas directas y fáciles de entender. Por eso me identifico con la idea de que disfrutar los momentos de la vida es una situación parecida a comer una naranja.



Primero hay que escoger la buena, luego pelearse un rato con la cáscara, quitar otra capa de piel finita para evitar el sabor agrio y finalmente, saborear la ríca pulpa y el dulce jugo de la fruta.

Dicen por ahí que para disfrutar lo bueno es necesario sufrirle un poco. Yo creo que la cosa no da para tanto, entiendo el valor de las cosas pero tampoco creo que una existencia dedicada a la penitencia lo hace a uno merecedor de la vida eterna, porque vida vida lo que se dice vida solo hay una, que yo sepa, todavía no ha regresado a decirnos que hay del otro lado de la barda.

Este año me ha dejado claro que Richard Ashcroft hablaba con la verdad cuando escribió "Cause it's a bittersweet simphony this life". Los primeros meses de 2008 me pegaron fuerte. Me ocurrió lo que le pasa a alguien que comienza a quitar la cáscara de una naranja y un rocío de aceite cítrico le cae en los ojos. Pasé de una mala, cuando mi papá pasó un episodio fuerte que lo mantuvo una semana en el hospital, a una peor, cuando a menos de un mes de distancia, mi mamá tuvo un accidente en el que le implantaron seis clavos y una placa de metal en una de sus piernas.

Pero ya se sabe, las desgracias son como los invitados a una boda: nunca llegan solas. Meses después, la vida me sonrío dándome un dulcecito presentandome a mi futura novia, un guiño que me hizo bajar la guardia antes de recibir la bofetada de un terrible robo que me hizo convencerme que lo peor de México es su gente.

Cuando la pena y el miedo nos invade, lo peor que se puede hacer es quedarse inmóvil. Así que seguí caminando hasta que paulitinamente el agua revolcada se fue aclarando y los pasos me llevaron a lugares tan remotos como Playa del Carmen donde pase felizmente mi cumpleaños número treinta y uno, meses después la vida me llevaría a Mérida, para pasar las fiestas patrias caminado de la mano de mi novia, lo mejor que me trajo el año definitivamente fueron los viajes a su lado.

Con respecto a "la profesión de las vedettes baratas, feas y tímidas" (definición de Jorge Ibarguengoitia para los escritores y colaboradores editoriales) la cosa pintó bien y cumplí la meta que yo tenía de publicar en más y mejores revistas y de sacar má$ provecho a mis textos.

Siempre he entendido la diferencia entre insistir y rogar, y mi insistencia buscando espacios encontró eco en la prestigiada revista Replicante hace unos meses. ¡Ya puedo decir que compartí créditos en una publicación con el gran Mario Vargas Llosa!

También publiqué mi primer cuento a nivel nacional y entrevisté a bandas mexicanas, (Nortec, Becker, Sour Soul, Dirty Karma) chilenas, (Los Bunkers) españolas (Delorean) y norteamericanas. Guardo con especial satisfacción el haber entrevistado a Earlimart vía teléfonica luego de un par de intentos fallidos, algo totalmente nuevo y satisfactorio para mi.

Mantuve vivo mi gusto por correr y cumplí la meta de participar en al menos el mismo número de carreras que el año anterior. Obtuve 11 medallas este año, incluidos dos medios maratones y el maratón de la Ciudad de México. Seguramente, el número de kilómetros que recorrí entre entrenamientos y competencias a lo largo del año equivaldrían a correr la distancia entre el DF y Mérida, pero eso será matería de otro post.

Al final, el año me deja con un sabor cítrico. Pasaron muchas cosas buenas que debo agradecer y otras amargas que de ser posible, me gustaría borrar, pero al menos me voy con la satisfacción de haber logrado varios de mis objetivos personales. Tal vez yo no sea un hombre de metas altas y grandes ambiciones, pero al menos creo en la tranquilidad que da una vida modesta y en la importancia de fijarse metas a corto plazo con buenas posibilidades de ser cumplidas.

Al final, me da la impresión de que la vida tiene un sabor agridulce, como mi analogía de la naranja. No podría ser de otra forma, la vida se conforma de contrastes presentes en la dualidad entre el día y la noche, entre el frío y el calor, entre la vida y la muerte.

La diferencia, quizá sea como disfrutar de esos sabores.
La diferencia quizá está en vivir y sentirse vivos.

Y yo, felizmente, me siento vivo.

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posted by drneon at 9:04 PM | Permalink |



3 Comments:


  • At 7:54 AM, Blogger José Antonio

    A mí la comida agridulce me fascina. Ya terminó el año, hermano, y espero el que sigue seamos un poquín más próximos. La vida tiene que ser así, con sus bemoles y sus sostenidos. Si te comieras la pura pulpa qué ibas a decir cuando te preguntaran "a qué sabe la cascarita"

    Abrazos y mucha vibra positiva. Caracol.

     
  • At 5:00 PM, Blogger NEGRA SUERTE, PARA SERVIR A USTED...

    TE DESEO MUY FELICES FIESTAS, LA PRONTA RECUPERACION DE TUS PADRES Y MAS EXITOS EN EL 2009.

    TE MANDO UN GRAN ABRAZO COLEGA, ¿TONS QUE? ¿VAS A IR A VER A PETER GABRIEL?}

    SALUDOS.

     
  • At 6:00 PM, Blogger Vicky

    Te admiro así muchisísimo

    Felices fiestas

    Saludos a Laura

    Un abrazo enorme

    Te quiero y así :D